Hay una frase que escuchamos muchísimo cuando empezamos un proyecto web: “Quiero una página web sencilla”.

Y ojo, que no tiene nada de malo, de hecho, muchas veces tiene bastante sentido, el problema es que, curiosamente, esas webs “sencillas” suelen empezar a crecer bastante rápido porque al principio solamente pedimos una web que tenga una portada bonita, que cuente quiénes somos, unas fotos, un formulario de contacto
y poco más.

Hasta que empiezan a aparecer las famosas frases de “Bueno… ya que estamos…” Y ahí empieza la aventura.

Quiero una página web sencilla

Lo que una empresa cree que necesita… y lo que acaba necesitando

Al principio parece suficiente con “tener presencia en internet”, pero cuando la web empieza a formar parte del negocio, aparecen necesidades reales:

“¿Podemos añadir WhatsApp?”
“¿Y un formulario de presupuestos?”
“¿Se puede conectar con Instagram?”
“¿Y salir en Google?”
“¿Podemos enseñar trabajos realizados?”
“¿Y poner opiniones de clientes?”

Y sin darse cuenta, la web sencilla que queríamos al principio, empieza a convertirse en una herramienta mucho más importante.

Porque la realidad es que una web no se hace solo para “estar en internet”,  se hace para ayudar al negocio.

Quiero una página web sencilla

El problema no es tener una web sencilla

Una web sencilla puede funcionar perfectamente para nuestro negocios, de hecho, muchas veces funcionan mejor que páginas webs llenas de cosas innecesarias.

El problema aparece cuando “sencilla” significa poca información, mala estructura, textos genéricos o una web hecha deprisa y sin pensar. Porque entonces la web deja de ayudar, y cuando eso pasa, normalmente el usuario entra… y sale igual de rápido.

Al principio la web parece algo secundario, pero poco a poco empiezan a darse cuenta de que:

  • los clientes miran la web antes de llamar
  • Google necesita contenido para posicionar
  • una buena imagen transmite confianza
  • y una mala web puede hacer perder oportunidades

Y ahí es cuando la famosa “web sencilla” empieza a pedir más cosas.

Quiero una página web sencilla

Entonces, ¿cómo debería ser una buena web?

Una web no tiene que ser enorme para funcionar bien. Lo importante es que esté bien planteada.

A veces una web pequeña, clara y rápida funciona muchísimo mejor que otra llena de páginas, efectos y textos que nadie lee.

No hace falta complicarse. Una buena web normalmente tiene:

  • una estructura clara
  • textos fáciles de entender
  • contacto visible
  • buen funcionamiento en el móvil
  • velocidad
  • y contenido pensado para nuestros clientes

No hace falta llenar la web de cosas raras, simplemente basta con que tengan sentido.