Hay frases que cuando las escuchas un escalofrío te recorre el cuerpo:

“Mi cuñado me ha hecho la web”

Y normalmente esa frase viene acompañada de otras como:

“Ahora no sabemos cómo entrar”
“No sabemos dónde está el dominio”
“Los correos fallan a veces”
o nuestra favorita… “La web ha dejado de funcionar sola”

El problema no es quién hace la web. El problema es pensar que una página web profesional consiste simplemente en montar cuatro cosas rápidas y ya está.

Porque normalmente, cuando pasan unos meses, empiezan a aparecer los pequeños detalles. Y ahí es donde la cosa se pone interesante.

Desde fuera parece sencillo: Una portada, unas fotos, un formulario y listo, pero una web profesional tiene bastante más detrás de lo que parece:

  • servidor
  • dominio
  • correos electrónicos
  • mantenimiento
  • seguridad
  • copias de seguridad
  • actualizaciones
  • posicionamiento en Google

Y lo más importante de todo: alguien tiene que controlar todo eso.

Porque mientras todo funciona, nadie se preocupa demasiado. El problema llega el día que algo falla.

Mi cuñado me ha hecho la web

El clásico: “Quiero algo sencillo…”

Otra frase peligrosa 😄

Y sinceramente, eso está genial, no todas las empresas necesitan una superpágina web, el problema es que muchas veces lo “sencillo” empieza a crecer:

“Bueno, añade también un botón de WhatsApp”.
“Y un formulario de contacto”.
“¿Se puede conectar con Instagram?”
“¿Y salir en Google?”
“Ah, y que los correos funcionen bien”.

Y sin darse cuenta, aquella web rápida y simple que queríamos al principio, acaba siendo bastante más importante para el negocio de lo que parecía en un primer momento.

Mi cuñado me ha hecho la web

El día que algo deja de funcionar

Aquí es donde suele empezar el verdadero festival. Porque mientras todo va bien, perfecto. Pero un día la web deja de cargar, el formulario no envía mensajes, los correos empiezan a fallar, aparece un error raro o directamente nadie sabe dónde están los accesos

Y entonces llegan las llamadas de emergencia.

Lo curioso es que muchas empresas descubren en ese momento que:

Y sí… esto pasa muchísimo más de lo que parece.

Mi cuñado me ha hecho la web

En realidad el problema no es que tu cuñado te haga la web, el problema es pensar que una web profesional consiste simplemente en “tener una página”.

Porque cuando una web está bien trabajada, no solo se ve mejor, también transmite confianza, funciona mejor y evita muchos quebraderos de cabeza.

Así que si alguna vez tu cuñado te dice: “Esto te lo hago rápido y barato…” Desconfía un poco. Normalmente las frases peligrosas empiezan así.