Hay cosas de las que no te preocupas mientras funcionan. La página web es una de ellas.

Pero de repente un día necesitas actualizar un servicio, cambiar un teléfono o modificar un texto. Así que llamas a la empresa que te hizo la web, y no responde, el teléfono de contacto ya no existe, su página web tampoco y nadie en la oficina sabe cómo va el tema de la web.

Hasta ese momento nunca te habías planteado quién tenía contratado el dominio, dónde está alojada la web o quién tiene acceso al WordPress.

Y de repente descubreas que tener una página web y tener el control de esa página no es lo mismo.

Lo primero: averigua qué tienes y qué controlas

Antes de empezar a cambiar contraseñas, llamar a lo loco o tocar cosas sin saber muy bien para qué sirven, conviene hacer una pequeña investigación. porque puede que no tengas acceso a WordPress, pero sí al dominio. O que tengas las claves del servidor, aunque nadie recuerde cómo entrar en la administración de la web. Incluso puede ocurrir que el dominio esté contratado directamente por tu empresa y el resto lo gestionara la antigua agencia de diseño web.

Y esa diferencia es importante.

Lo primero sería revisar antiguos correos, facturas y cargos bancarios relacionados con la página web. Ahí suelen aparecer nombres de proveedores, renovaciones anuales, datos de alojamiento o algún correo perdido con accesos que en su momento nadie pensó que volvería a necesitar.

No hace falta entender todavía para qué sirve cada cosa. De momento, el objetivo es mucho más sencillo: saber qué tienes, dónde está contratado y a qué puedes acceder.

Porque antes de recuperar el control de tu página web, primero hay que saber exactamente qué es lo que has perdido.

Qué hay realmente detrás de tu página web

Cuando hablamos de “la página web” parece que todo forma parte de lo mismo, pero por detrás hay varias piezas que hacen que tu web funcione.

Está el dominio, que es la dirección de tu web. Está el alojamiento o servidor, donde se guardan los archivos y la información. Y está el propio gestor de contenidos, como WordPress, desde donde se modifican textos, imágenes o páginas.

Además, muchas veces también entran en juego las cuentas de correo electrónico de la empresa.

El problema es que no siempre está todo contratado en el mismo sitio ni gestionado por la misma empresa. Puedes tener acceso a WordPress pero no al dominio. Saber dónde está contratado el dominio, pero no tener las claves del servidor. O tener los correos funcionando desde hace años sin que nadie sepa exactamente quién los gestiona.

Y esto no suele preocupar demasiado mientras todo funciona, pero cuando la empresa que llevaba la web desaparece, cada una de esas piezas importa mucho.

Por eso conviene identificar qué tienes contratado, con quién y qué accesos conservas.

No todos los accesos se recuperan igual

Con todo más o menos localizado, el siguiente paso es recuperar lo que falta. Y no siempre se hace de la misma manera.

Puede que el dominio esté contratado a nombre de tu empresa y simplemente haya que recuperar la contraseña del proveedor. Puede que tengas acceso al alojamiento, pero no a WordPress. O que la web funcione con normalidad, aunque nadie sepa exactamente quién tiene acceso al correo o quién recibe los avisos de renovación.

Cada caso requiere mirar qué información existe y hasta dónde se puede recuperar el control, por eso es importante no empezar a cambiar cosas al azar.

Muchas veces, con un poco de orden, se puede reconstruir bastante más de lo que parece: correos antiguos, facturas, renovaciones, accesos guardados o datos del proveedor pueden dar muchas pistas.

Y hay una cosa muy  importante que hay que revisar cuanto antes: la renovación del dominio.

Porque no poder cambiar una fotografía durante unos días puede ser una molestia, pero que tu dominio caduque porque nadie sabía quién lo estaba renovando ya es un problema bastante más serio.

A veces la mejor solución es mudarse

Puede ocurrir que consigas recuperar los accesos y, aun así, seguir trabajando con el alojamiento antiguo no tenga demasiado sentido.

Quizá la web lleva años en un servidor que nadie revisa, el servicio está contratado a nombre de la antigua empresa o simplemente prefieres dejar todo organizado con una nueva empresa a la que puedas llamar cuando lo necesites, como por ejemplo net948 ;)

En esos casos, muchas veces la solución más limpia es trasladar la página web a otro servidor y empezar a trabajar con los accesos bien ordenados desde el principio.

Eso sí, mover una web no consiste simplemente en copiar unos archivos de un sitio a otro. Hay bases de datos, configuraciones, dominios y, en algunos casos, cuentas de correo que también forman parte del proceso. De hecho, ya hablamos de esto con más detalle en nuestro artículo sobre migraciones de páginas web y correo.

Cuando se hace bien, el objetivo es que nadie note el cambio: la web sigue funcionando, los correos siguen llegando y tus clientes ni se enteran de que por detrás ha habido una mudanza.

Pero aprovecharíamos también ese momento para dejar otra cosa resuelta: el mantenimiento web.

Porque recuperar una web, trasladarla a un servidor nuevo y volver a olvidarse de ella durante otros cinco años tampoco parece el mejor plan.

Actualizaciones, copias de seguridad, revisión de formularios, seguridad o pequeñas incidencias forman parte de tener una página web en funcionamiento. No hace falta estar pendiente de ella todos los días, pero sí conviene que alguien lo esté.

La idea no es solo recuperar el control, es evitar volver a perderlo.

Ahora que has recuperado la web, aprovecha para revisarla

Una vez tienes de nuevo el control de la página web, merece la pena aprovechar para hacer una revisión un poco más amplia.

Porque puede que el problema empezara con una contraseña o con una empresa que dejó de responder, pero al entrar de nuevo en la web descubres servicios que ya no ofreces, fotografías de hace varios años, teléfonos antiguos o sin actualizar, formularios que nadie sabe si funcionan, textos que ya no representan demasiado bien lo que hace hoy tu empresa…Y aquí aparecen dos preguntas que ya hemos planteado alguna vez en nuestro blog: ¿hace cuánto no revisas tu página web? Y, quizá todavía más importante, tu negocio ha cambiado… ¿y tu página web?

Porque las empresas evolucionan casi sin darse cuenta. Aparecen nuevos servicios, cambia el tipo de cliente, se incorpora personal, se abren nuevas líneas de negocio o simplemente cambia la forma en la que quieres presentarte.

La página web, en cambio, muchas veces se queda exactamente igual durante años.

Eso no significa que tengas que tirarla entera y empezar de cero. Muchas veces basta con actualizar contenidos, revisar la estructura, comprobar que todo funciona correctamente y poner al día aquellas partes que se han ido quedando atrás.

Ya que has recuperado el control, aprovecha para que la web vuelva a estar a la altura de tu negocio.

Porque recuperar tu web es importante. Ponerla al día, también.